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Mis amigos

Eva, yo, Charito, Foras, Fonso y Puchi.

Yo tengo amigos, seguramente más de los que debería. Uno de ellos es Alfonso.

La tropa danesa íbamos a reunirnos por primera vez el último fin de semana de febrero en algún lugar de Asturias, pero al final no pudo ser.

Alfonso, detallista él, pidió al gran Pernan un dibujo que inmortalizase aquel encuentro histórico.

No pudo ser, pero yo te quiero decir aquí que ¡VIVA LA MADRE QUE TE PARIÓ!

Crónicas danesas (I)

Y a la tercera la Duquesa de Blokhus accedió.

Pasadas las ocho y veinte de la noche atamos los caballos a la entrada del palacio de la Duquesa de Blokhus. Hacía una noche espectacularmente buena y, evidentemente, llegamos tarde. Lo bueno se hace esperar, como mínimo, veinte minutos. El hecho es que arribamos a nuestra cita bien pertrechados de vino tinto valenciano y de Mateus portugués, en representación de la espirituosidad de ambos países ibéricos. Antes de continuar, he de confesar que enviamos a Don Bernardo, señor de Oporto, para que otease el terreno y certificase que Lady Mia, la Duquesa, y sus inseparables damas de compañía, Lady Mette, Lady Rikke y Lady Martine estaban prestas a recibirnos. Don Bernardo nos confirmó que no había emboscada alguna y Don Alfonso, Duque de Pola de Lena; Don Alejandro, Marqués de la BBC; y un servidor acudimos con la tranquilidad de quien sabe que lo mejor está por llegar.

La bella Duquesa de Blokhus nos recibió con su simpatía habitual a la entrada del palacio que posee en pleno centro del Condado de Aalborg y muy amablemente nos invitó a descalzarnos confluyendo de manera armoniosa los olores en las estancias palaciegas. Encontramos a Don Bernando a salvo e incluso diríamos con una leve sonrisa que denotaba que la espectacular compañía de las señoritas estaba siendo entretenida. Rápidamente se esbozó una sonrisa en nuestra cara. Había motivos.

El vino comenzó a circular. A raudales, como tiene que ser. Alegría. Tinto, mateus y vino blanco…gran reserva Don Simón, de las Bodegas Simón & Garfunkel.

Me encanta cuando las mujeres dicen que no quieren vino e inmediatamente corrigen con un “Bueno, sí, un poco, por favor”.

El que no corre…

Entre una cosa y la otra, las copas de vino y las primeras risas comenzamos a cenar pasadas las nueve de la noche. La Duquesa había preparado con mucho mimo unas boller i karry, que traducido al idioma cervantino, sería algo así como albóndigas al curry. En este punto debo mencionar que las albóndigas eran de carne de cerdo criados en la granja de los señores padres de Lady Mia, los Grandes Archiduques de Jutlandia Central.

Las albóndigas estaban riquísimas, el curry también. Añadimos una pasas y el plato quedó redondo, cojonudo. El puchero de las albóndigas pronto se vacío (antes incluso que las copas de vino). Yo que estoy a dieta me comí una docena de ellas; Don Alfonso, que no está a dieta degustó como otra docena; y Don Alejandro, que también está a dieta, sometió a su estómago a no menos de quince albóndigas. Ahora que lo pienso, no nos dimos cuenta si dejamos algo al resto de comensales, pero el que no corre…¡come!

El vino fluía y los chin-chin también. Creo que bebimos a favor de toda la humanidad. No nos olvidamos a nadie y a nada. Brindamos hasta por nuestro excelente inglés, que mejora gracias a las tertulias anglófilas con Don Alejandro.

Tras el atracón de albóndigas llegó la hora del postre. La experta en dulces Lady Rikke nos sorprendió agradablemente con un risalamande, que viene a ser un arroz con leche hiperdenso (lleva crema) con un toque de vainilla y con trozos de almendras. Es un postre típico que se toma en navidades, pero les aseguro que la noche del 31 de marzo supo a gloria. A pesar de ser un postre danés tiene nombre francés porque los nobles daneses preferían denominar sus postres en el idioma de Montesquieu. Al risalamande le añadimos una salsa de cerezas, también elaborada por Lady Rikke, que estaba exquisita y que estaba hecha de cerezas (obvio) y vino de cerezas. Al parecer la gente ya estaba saciada con las albóndigas y optó por porciones minimalistas del postre: un grano de arroz, un trocito de almendra y una gota de mermelada. Yo, que estoy a dieta y sufro del Complejo Obélix, me llené el plato. Los postres son mi debilidad y coma lo que coma, cuando llego a los postres pongo el contador a cero y comienzan a desfilar a mi estómago. Y en honor a la verdad el plato quedó huérfano de existencias en un abrir y cerrar de ojos.

La noche transcurría con comentarios jocosos sobre tremenda fiesta del viernes y sus es-tragos en varios de los comensales presentes en la cena. Por una vez tuve el placer de no ser objeto de comentarios sobre mi nivel de espirituosidad: no fui a la fiesta. Otros si estuvieron…y no se acuerdan.

Misteriosamente, nuestras copas se vaciaban cada vez más rápido. En una de esas Don Alfonso fue a buscar más vino y no volvió, se perdió. Casualidades de la vida Lady Rikke también se evaporó, o se perdió. Enigmas espirituosos.

Todo llega a su final. El estruendo de risas y jolgorio tuvo que parar a eso de la una de la noche, y menos mal, porque algunos no sabíamos si hablábamos en castellano, danés o inglés. Y ellas igual. Nos pusimos el calzado, nos despedimos de la anfitriona. Respiramos el fresquísimo aire, montamos en nuestro caballos de la mejor manera que pudimos y nos fuimos a…y hasta aquí me dejan contar.

Repetiremos.

PS: Casualidades. Tuvimos el placer de conocer a estas marquesas danesas en un viaje diplomático-espirituoso que hicimos en tren a Copenhague. Un “estamos estudiando español” llevo a un “jiji-jaja” o “Ak ak ak” que dura hasta hoy. Y que dure. ¡Lo que puede pasar en un tren!

Crédito fotográfico by Alfonso Ceballos, Josephers & Lord Worldgate

Publicado el 08/04/2009 en David de Jorge & Co.