Agricultura: señales distorsionadas

Algo va muy mal en el mundo agropecuario, y desde hace mucho tiempo, para que habiendo una diferencia escandalosa entre los precios de origen  pagados a los productores y los finales de la gran mayoría de productos (véanse las tablas de precios que publica Mercasa), los empresarios (grandes y pequeños) no reaccionen para aumentar sus beneficios y opten por estar quejándose todo el santo día. Está claro que el sistema de incentivos se ha distorsionado de manera radical.

Si los márgenes son tan grandes entre el precio de origen y mercado, ¿por qué los empresarios y agricultores no generan vías (¡que ya existen!) para aumentar sus beneficios? Si los empresarios y agricultores pequeños se quejan de la “explotación” de las grandes cadenas de distribución, ¿por qué no se agrupan en asociaciones que de verdad luchen por sus intereses? Si la diferencia entre los productos industriales y los artesanales/ecológicos es obvia, ¿por qué los empresarios/agricultores no hacen el esfuerzo de explicar claramente las diferencias? Si los productos artesanales son de mayor calidad que los industriales, ¿por qué los precios de muchos productos artesanales están cayendo en picado y están por debajo del precio de los industriales? En definitiva, ¿por qué en vez de trabajar por producir el mejor producto y venderlo como se merece la gran mayoría del sector se dedica a llorar, o ¿por qué pudiendo hacer las cosas bien se hacen rematadamente mal?

La inyección de morfina en forma de subvenciones proporcionada por la intervención del Estado (desde la UE hasta los ayuntamientos) ha sido tan elevada en las últimas décadas que las señales que guían a un mercado más o menos dinámico no existen en la actualidad. Tal hecho ha provocado semejante cambio en las actitudes de los empresarios, consumidores y Administración, que la situación es difícil, aunque no imposible, de revertir. Sin embargo debemos advertir que el cambio no se ha dado de la noche a la mañana, sino que ha sido un proceso muy largo, constante y consciente. La lógica cartesiana ha funcionado con consecuencias devastadoras.

En puridad, el tema agrícola es como para que, como consumidores, no echásemos a las calles, porque representando menos del 4% del PIB de la UE, el 40% de los fondos europeos van destinados al sector. Con el dinero de todos los contribuyentes estamos consiguiendo generar una situación de locos, pues no sólo subvencionamos un sector que en su mayoría es muy poco competitivo sino que esas políticas encarecen los precios que pagamos como consumidores. Es más, ese proteccionismo está lastrando el desarrollo de buena parte de los países en vías de desarrollo, por el simple hecho de las trabas con las que sancionamos sus exportaciones. Y, para rematar la locura intervencionista, como la producción excede por mucho la demanda, dedicamos más subvenciones aún para la exportación de nuestros alimentos a los países en vías de desarrollo, hundiendo (más aún) los precios de sus productos ¡en los mercados de origen! ¡Y lo peor es que lo que les cuento no es un chiste!

Frente a esa inercia de muerte y parasitarismo, de ganas de chupar del bote, siempre se encuentran empresarios, agricultores e incluso funcionarios que de verdad creen en un sector que puede y debe ser competitivo, que pretenden generar actividades que creen riqueza y que no necesiten de ayudas que distorsionen la realidad. Utilizar el sentido común para decir “Creo que este mercado me ofrece oportunidades  de ganancia futuras, luego invierto” se ha convertido en el más contraproducente de los sentidos. Puesto que quien hace bien las cosas es mirado con recelo no sólo por los competidores, sino por todo el mundo: supone un peligro.

La constante intervención pública ha conseguido que un sector que nos aporta el sustento básico (si no comemos vamos caminito de Jerez) sea el más asistido y el que tiene menos visos de ser considerado competitivo; y en donde el miedo a las cosas bien hechas se ha convertido en el pan de cada día. Chupar del bote, y cuanto más mejor, es lo que mandan los cánones de la tribu. Tenemos un enfermo comatoso y las señales que nos han de llevar a ser optimistas son muy débiles. Mientras tanto, me pregunto durante cuánto tiempo se seguirán quejando los agricultores/ganaderos/pescadores de la constante y perpetua bajada de precios. Es la historia de nunca acabar.

Crédito fotográfico  |  Sir Anthony Worldgate

2 Respuestas a “Agricultura: señales distorsionadas

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