¡Adieu, Quincena Mensual!

Cartel de la LXX Quincena Musical. Diseño: Cállate la boca

Cartel de la LXX Quincena Musical. Diseño: Cállate la boca

El sábado, 5 de setiembre de 2009, se puso el punto y final a la LXX Quincena Musical, a la que yo llamo la Quincena Mensual. Bajo la batuta de Michel Plasson, la Orquesta Nacional de Lyon acometió la ejecución del Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, y la sinfonía nº 1 de un Bizet muy joven (de clara inspiración schubertiana y mendelssohniana). La segunda parte, tras la entrega de la más que merecida Medalla de Oro de la Quincena Musical a quien ha sido director de la Quincena durante treinta y un años, José Antonio Echenique, descubrí el Requiem de Fauré, con el barítono Edelmann y la soprano Marie Arnet (esposa del director del Orfeón Donostiarra, José Antonio Sainz Alfaro).

Y ese 5 de setiembre de 2009 dio por concluída mi primera etapa como abonado de la Quincena Musical. Excepto cambios radicales (a mejor, se entiende) no renovaré mi abono. Hasta aquí hemos llegado.

No aguanto más la falta absoluta de concepto y la desnortación palpable guiada por los vientos de la mediocridad. ¿A qué aspira la Quincena? Y más básico aún: ¿qué es a día de hoy la Quincena?

La Quincena Musical es un ejemplo de desidia e indigencia intelectual, heraldo de la constatación plástica del concepto chapuza. Porque chapuza es que la Quincena duré más de un mes. No entienden la naturaleza de un festival de verano. O, si la entienden, se la pasan por el forro. La Salzburgo del sur, vaya.

Sin embargo, el hecho de que la Quincena se prolongue un mes no es baladí. La criatura de tal engendro es un presupuesto que hay que distribuirlo a lo largo del tiempo para amamantar ciclos imprescindibles de los amigos.  ¡Para qué hacer algo selecto y bien hecho si puedo repartir el dinero entre los amigos! Por no ahondar en el tema de la chapuza del carnet de la Quincena y la adjudicación de los abonos, que ya detalló Sir Anthony Worldgate.

Y el público es un calco de esa concepción de la nada. Es un público que no sabe nada: nada de música culta, nada de modales. Un público inculto y aborregado hasta niveles burdos, toses desmedidas, móviles que no se apagan, y malos modales con los acomodadores son parte del paisaje día sí y día también. Un público al que le da igual asistir a ver los fuegos, la Real o las regatas. Ese es nuestro público y así nos va. Eso sí, super jatorras todos ellos. El jatorrismo que no nos falte.

Cada día estoy más convencido de la falsedad de la frase “faltan ideas y personas”. Falso de cabo a rabo. Ideas y personas haberlas haylas. La cosa es que las personas y las instituciones tienen las ideas claras para hacer las cosas mal y medrar en el presupuesto. No debemos ser ingenuos en esto. La gente tiene muy claros sus objetivos. Otra cosa es que algunos no estemos de acuerdo con lo que hacen y lo denunciemos.

Acabo. Me contaba Migueltxo que hubo una época donde la embajada italiana patrocinaba el ciclo de ópera italiana, todos los asistentes iban engalanados ¡y sonaba el himno italiano! Otra época, una época mejor.

El problema es de concepto, de fondo, de raíz. Son preguntas muy sencillas las que se tienen que plantear. Hasta que eso no pase no volveré a coger un abono de la Quincena. Tengo alternativas mucho más interesantes que visitar.

Una respuesta a “¡Adieu, Quincena Mensual!

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