¿Hay vida antes de la muerte?

¿Se os ha venido alguna vez al gramo de materia gris que os vais a morir?

El hecho es simple en su lógica biológica (de hecho se puede considerar El Hecho biológico), pero compleja en su dimensión humana. Dado el carácter egoísta de la especie humana creo que cuando esté muerto (¿a mejor vida? ¿mejor que la de ahora?) me fastidiará sumamente no poder comentar la jugada con los que dejo de lado/atrás/adelante o como se diga que haga cada uno cuando va caminito de Jerez.

Seamos serios. Yo tuve un encontronozo con la muerte. No me refiero a una situación de peligro, sino a un encontronazo, digamos, intelectual. Un día, me vino a la cabeza que en un futuro ya no estaría. Así de simple. Creo que fue el primer año de carrera. Mi reacción pasaba por mirar a mi alrededor y entender que habría un momento en que eso ya no lo vería. Sería negro. O la nada, aún peor. De repente entraba en un momento de, no sé si llamarle locura, histeria, nerviosismo, espanto…¿miedo? Quizás miedo sea la palabra que mejor defina mi comportamiento ante esa situación. Miedo porque no lo había meditado. Miedo porque me era imposible encontrarle una explicación. Miedo porque no encontraba muertos cercanos en la familia. Miedo. Aclaro para los malpensados que esto no pasaba en pleno Bulevard donostiarra.

Sería el miedo a la muerte. Desde luego dos cosas llegaron a marcarme muchísimo. La primera era que solía mirar fijamente mis manos y los movientos de los dedos y en breves instantes me daba cuenta que eso no lo podría hacer a partir de un día. Era darse cuenta de la nada de golpe y porrazo con el gesto de mirar atentamente a mi mano. No sé por qué me obsesioné con ese ritual de mirarme la mano, moverla y cagarme de miedo, pero era lo que sucedía. La segunda manía que convertí en costumbre llegaba de noche. En la oscuridad de la noche abría los ojos y, sin más, pensaba que eso era lo más cercano a la muerte. Ese momento era mucho peor que el de la mano. Me levantaba  de la cama gritando….como si se me hubiese subido la bola para que mis padres no pensasen nada raro. Como por entonces era deportista me imagino que el tema coló, eso espero.

Esas situaciones se repitieron durante mucho tiempo. Creo que fueron como unos dos años (de los dieciocho a los veinte) los que duró esa lenta travesía, pero a medida que fui interiorizando mi comportamiento fui capaz de ir desarrollando un diálogo conmigo mismo. También me ayudó mucho un libro de divulgación científica como Biología de la muerte, de Klarsfeld y Revah. Sea como fuere desarrollé aquel mecanismo que utilizaba Margaret Thatcher cuando al pensar sobre un tema importante se preguntaba “¿Qué haría Margie Thatcher en esta situación?”. Yo directamente me desdoblaba y mantenía conversaciones entre Xabier 1 y Xabier 2, o algo parecido. Y funciono, vaya si funcionó.

Lo importante es que al final le puse cara a la muerte, como hizo Mozart. Y de dialogar conmigo mismo, pasé a hablar con Ella.  Os juro que son las conversaciones más tranquilas que he tenido. Son tranquilas, entiendo, porque Ella está ahí y yo, nosotros, aquí. Sin menospreciar lo que pueda suceder en el grandioso Valle de Josefo esta vida la estoy pasando en el más acá. Tiempo habrá para disfrutar del más allá, digo yo. Es decir, desde que me di cuenta de que un día visitaré el Valle de Josefo vivo tranquilo. Eso sí, no tengo ninguna prisa por irme de este mundo.

A lo sumo pienso que mis días podrían acabar en un accidente espectacular en un avión del tipo Barón Rojo por hacer el chorra en una reunión de yupis reunidos en torno a cantidades desmesuradas de vodka-limón o pasar a mejor vida mientras leo a Li Po en Los Peines del Viento y Odón peatonaliza toda la ciudad.

Pero es curioso. Nos hacemos una pregunta secundaria (¿Hay vida después de la muerte?) sin hacernos la principal (¿Hay vida antes de la muerte?).

Ya digo, no tengo prisa.

Crédito fotográfico: Diodoro

3 Respuestas a “¿Hay vida antes de la muerte?

  1. Este que planteas es un pensamiento muy recurrente de cuando era niño. Yo lo considero, echando la vista atrás, el primero de mis pensamientos adultos y es algo que aun no he asumido y creo que difícilmente asumiré. La muerte esta ahí para otros no para uno mismo.

  2. Definitivamente creo que no nos preparan para la muerte, no ya para el hecho en sí mismo de morir, si no simplemente es algo que se enseñaba en la EGB, ahora con estos planes de estudios no tengo ni idea de lo que se enseña… en plan, (voz de niño pequeño) “los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren”.

    Y yo pensaba, “pues que mierda de vida la de los seres vivos”. Si el fin del camino es solo ese… plufff, eso que lo hagan otros.

    En fin… lios mentales a parte, te dije que me molaria, y es de esos pensamientos y caminos mentales que muchas veces le doy vueltas cuando consigo estar solo conmigo mismo. De hecho hay tres cosas ultimamente: La Muerte, El Universo y La Crisis de los 30 (a dos meses de cumplirlos…).

    Saludos

  3. Estupenda reflexión

    pienso que pensar de vez en cuando en la muerte ayuda a disfrutar de la vida. Y que negar la evidencia te obliga a una existencia llena de miedo. Y que el vacío posterior tampoco será necesariamente malo.

    Imaginarios una eternidad sin tener que aguantar estupideces ni tener que sufrir ruidos.

    ¿el paraiso?

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